Que el recibo de la luz ha vuelto a subir ya no es noticia. Los usuarios asistimos inermes a una continua escalada de precios de la energía sin que podamos hacer nada para evitarlo a pesar de seguir los consejos de ahorro que inundan la red.  La realidad es que cada vez pagamos más. Llueva o no llueva, la luz no para de subir. ¿Por qué? ¿Alguien nos lo puede explicar?

Aunque no es achacable a una única causa, uno de los orígenes del problema se encuentra en el funcionamiento del mercado mayorista de la electricidad, también conocido como OMIE o pool. Este sistema, que nació de la Ley del Sector Eléctrico promulgada hace ya más de 20 años, es de tipo marginalista al igual que los mercados de la mayoría de los países de nuestro entorno europeo.

En un mercado marginalista se ordenan las ofertas de compra (demanda) y venta (centrales de generación que pueden ser hidráulica, renovables, nuclear, gas y carbón) por precio y se van casando los volúmenes hasta que se cubre toda la demanda. Es la última central (la más cara) que entra al cruzarse las ofertas de compra y venta la que marca el precio para todos.

Sin embargo, en los últimos años se ha venido demostrando que en un mercado marginalista con tan poca competencia como el español siempre hay una excusa para tener precios altos: hay poco viento, hay poca agua, hay una central nuclear parada, el petróleo está caro, el precio en Francia está caro, ha subido el CO2, etc.

El tipo de mercado marginalista está presente en toda Europa si bien cada país tiene sus especificidades. En el caso español, aunque no toda la energía pasa por el mercado mayorista y existen contratos bilaterales entre varias empresas, la gran mayoría de la energía, que se compra para vender a los clientes, se compra en este mercado.

Las reglas del mercado permiten a las centrales de generación ofertar a “coste de oportunidad”, es decir, lo que cuesta generar en un determinado momento comparado con el hipotético coste de hacerlo en otro momento. Por ejemplo, una planta fotovoltaica como no puede almacenar el sol, suele ofertarla a precio cero para conseguir colocar siempre su energía y no perder excedente. En cambio, una central hidráulica que puede almacenar el agua decide en cada momento cuanto turbinar y a qué precio para sacarle el máximo rendimiento.

Para poner un ejemplo que se entienda es como cuando en los puestos callejeros de comida al acercarse la hora del cierre y saber que si no la venden la tirarán, bajan el precio. De este modo, tratan de vender el máximo posible de comida sin desperdiciar lo sobrante que al día siguiente no pueden vender.

El problema es que, en España, unos pocos grupos empresariales dominantes se reparten las grandes centrales de producción (nuclear, los ciclos combinados de gas, las centrales de carbón y la gran hidráulica). Si existiera un volumen suficiente de compañías con centrales hidráulicas, entre ellas competirían para producir (al existir abundante recurso hidráulico) bajando el precio al intentar desplazarse unas a otras.  En definitiva, es un problema de falta de competencia.

Estos grupos dominantes conocen y deciden los precios a los que va a ofertar la central más cara.

Recordemos que, en un mercado marginalista, la central más cara es la última que entra y la que marca el precio de compra para el resto de la energía. Por tanto, pueden planificar el desembalse de los pantanos de manera ordenada maximizando sus beneficios al aprovechar la coyuntura de unos precios del petróleo, el CO2, etc., en sus niveles más altos de los últimos años, ofertando el agua de la lluvia a precio de combustible fósil. Increíble ¿verdad?

Quizás en el corto plazo habría que plantearse limitar los parámetros a los que puede nominar una central hidráulica para evitar el abuso del concepto de coste de oportunidad dada la poca competencia existente o excluir del mercado marginalista ciertas tecnologías que deban cobrar a un precio regulado. Es decir, hacer que ciertas tecnologías que siempre ganan dinero al tener muy poco coste de producción, no entren en la casación y se les pague siempre el mismo precio.

¿Lo has entendido? Sabemos qué es complicado incluso para nosotros que nos movemos en el sector eléctrico. Por ello te invitamos a seguir nuestra página y que juntos nos planteemos el coste de la electricidad que es justo que asuma nuestro país, nuestras empresas y nuestras familias.