Los derechos de emisión de CO2, es el precio que pagan las centrales eléctricas de gas y carbón para poder emitir gases contaminantes en la atmósfera.  La producción de electricidad emite cada año alrededor de 70 millones de toneladas de CO2, ya que buena parte de la demanda de electricidad es suplida con centrales de gas y carbón.

 

Mientras años atrás, estas centrales de carbón y gas pagaban unos 5€ por tonelada de CO2 emitida, en los últimos se ha llegado a alcanzar los 25€.  Esta subida provoca que a las centrales les suponga un mayor coste producir electricidad.

 

Este coste ha de ser asumido de alguna manera, por lo que cuando estas centrales de gas y carbón entran en el mercado mayorista de electricidad, donde se compra y vende la electricidad, la central más cara de todas es la que marca el precio final, ese al que los compradores compran la electricidad. Esta electricidad es comprada por las comercializadoras de electricidad que luego facturan a sus clientes a los precios que tengan fijados por contrato.

 

Ahora bien, una vez explicado esto podemos concluir que el precio de los derechos de emisión de CO2 si que afecta al precio final de la electricidad. Precisamente diversos expertos y la propia ministra de Transición Ecológica, ha explicado en distintas ocasiones que una de las principales causas de los elevados precios mayoristas se debe a la subida del mercado de CO2.

 

 

Y esto es así, en la medida en la que sean centrales de gas o de carbón las últimas en entrar en el mercado mayorista de electricidad y sean las que fijen el precio a todas las tecnologías que hayan casado su energía.

 

El 4º Informe de la Unión de la Energía, ha reconocido que la factura eléctrica internaliza costes medioambientales y externalidades que la encarecen y reducen la competitividad. La Comisión Europea ha propuesto una fiscalidad basada en el principio de “quien contamina, paga” y que la carga fiscal sea coherente con los objetivos climáticos de la UE.

 

¿LA SUBIDA DE los derechos de CO2 sube EL PRECIO DE LA LUZ?

Si establecemos una visión a corto plazo, la interferencia del CO2 en el precio de la luz no es un hecho positivo porque en muchas ocasiones eleva el precio final de la factura.

 

Pero si echamos la vista más a medio largo plazo, esta interferencia es positiva porque las energías contaminantes tienen un alto coste de producción, lo que deja paso a energías de menor coste, tomando un rumbo hacia una transición energética progresiva, eso sí liderada siempre por energías renovables, que son tecnologías limpias y que no se ven afectadas por los precios de CO2.

 

Por tanto, la presión al alza de los precios de CO2 aunque es un problema a corto plazo, tiene un efecto en el mercado de empuje y desplazamiento de las tecnologías más contaminantes por otras más limpias. En definitiva, tecnologías medioambientalmente sostenibles y que además devalúan el precio de la electricidad.