Este ha sido un año muy complicado a nivel de precios en el mercado mayorista de la electricidad, conocido como pool eléctrico, es decir donde las eléctricas compran la materia prima que te llega a tu casa.

Este precio se establece como hablábamos en el artículo de ¿Por qué sube la luz? de forma marginal, es decir el precio final y la demanda total se encuentran cuando el precio de la tecnología con la que se produce la energía más cara que se oferta se cruza con la demanda.

Y en concreto, este año, se ha producido un fenómeno que nadie pronosticaba que es un escenario de precios muy altos.

Los productores de energía, que son los que hacen las ofertas en este mercado a un precio determinado, se supone que definen este precio en función de sus costes de producción. Las energías renovables dependen de la naturaleza: la hidráulica de que llueva, la eólica del viento y la solar del sol. El problema es que algunas de estas energías, no se pueden almacenar por lo que la energía generada en cada momento la tienen que vender en el mercado mayorista para no perderla.

 

El resto de las energías como los ciclos combinados, el carbón o el gas dependen de otros factores. La generación térmica (ya sea con carbón o con gas) se encarece por la evolución de materias primas. En concreto el gas se ha visto encarecido por la subida de precio del petróleo durante el año. Por eso los ciclos combinados han incrementado sus costes de producción.

 

Por otro lado, los derechos de emisión de CO2 que se siempre se habían mantenido estables se han disparado por lo que las tecnologías más contaminantes que emiten CO2 han aumentado sus costes de producción y lo han trasladado al precio al que venden la energía en los mercados.

Con este escenario de altos precios de las materias primas, parecía que el problema estaría en los precios de las tecnologías contaminantes, las que generan CO2.

Sin embargo, en el 85% de las horas la tecnología que ha marcado el precio en los meses de subidas no fue ni el carbón ni los ciclos sino la energía hidráulica, lo que se sale de toda lógica porque no había escasez de agua.

 

Ante este tipo de imprevistos en los precios, las comercializadoras, que tienen que comprar energía para proveer a todos sus clientes, tienen la posibilidad de comprar en el mercado de futuros, es decir compras energía en un tiempo futuro a un precio fijo para tratar de asegurar que su precio no va a variar. El problema es prever si ese precio marcado en el mercado de futuros va a ser más bajo de lo que estará en el pool ese día. Todas las comercializadoras en su estrategia de aprovisionamiento, cubren una parte de su cartera de energía con futuros, para poder garantizarse un precio estable de una parte de la energía que comercializan.

 

En todos los países europeos se ha dado esta situación de altos precios durante 2018, cada uno en su nivel, pero en la misma línea que en España. Pero el precio de los futuros en los últimos meses está evolucionando de forma distinta en los países europeos y España. Mientras que en el resto de Europa el precio de los futuros de la electricidad bajaba y todos seguían una senda similar, la curva en España se distanciaba y desacoplaba manteniéndose relativamente plana. Este comportamiento anómalo del mercado español de futuros parece que reproduce los mismos defectos que nuestro mercado mayorista.

 

Independientemente de los motivos, esta tendencia irregular en el mercado de futuros de la electricidad de España no responde a una lógica de mercado si la comparas con el resto de los países europeos de nuestro entorno, con los que tendríamos que estar alineados, lo cual, evidentemente tiene consecuencias para los comercializadores españoles, y, por ende, para los consumidores. La consecuencia de esto, es que a las comercializadoras españolas les resulta más caro cubrir sus carteras que a sus homólogos europeos. Os contaremos qué pasa en los próximos meses.