El encarecimiento de la electricidad en 2018 se ha atribuido a la subida del precio del CO2, como en años anteriores a la sequía o las olas de frio. Nada más lejos de la realidad, el único culpable es un mercado eléctrico diseñado hace treinta años, que mantiene intacta la metodología de conformación de precios que establece como referencia los de las fuentes de energía más caras, el gas y el carbón.

El inmovilismo regulatorio del sistema eléctrico ha impedido a los consumidores beneficiarse de los avances de las tecnologías de generación renovable y de eficiencia energética para abaratar los costes energéticos a hogares y empresas, con una pérdida de renta nacional (importaciones energéticas) y renta disponible (precios de la luz) no cuantificada oficialmente.

El actual diseño de mercado obedece a la falta de reguladores independientes. Los operadores del mercado eléctrico y gasista están hoy dominados por las propias empresas eléctricas y gasistas. La CNMC ha señalado en sus informes la anomalía de que los regulados sean a la vez los reguladores y puedan cerrar el mercado a otros competidores, como las renovables.

La consecuencia es la falta de competencia en los mercados energéticos. Decía el economista, premio Nobel, Joseph Stiglitz, que la competencia es lo que abarata los precios y la falta de competencia solo es avaricia. Es la mejor definición de nuestro mercado energético.

El modelo de oferta centralizada de las grandes térmicas está en crisis porque ya no es rentable. La masiva entrada de renovables y la gestión de la demanda está transformando la energía hacia modelos de generación distribuida o descentralizada, servicios energéticos y participación directa de los consumidores en el mercado eléctrico.

¿Qué hay que cambiar?

  1. El diseño del mercado eléctrico ha de ser transparente, basado en los costes y beneficios, incluidos los ambientales, de cada fuente de generación y en subastas por tecnologías que reflejen los costes reales de generación de cada instalación y que el coste para los consumidores deje de ser el de la central más cara.
  2. Abrir la competencia a las nuevas formas de utilización de la energía, como la microgeneración renovable, autoconsumo, almacenamiento, microrredes, VPP, vehículos eléctricos y los agregadores de demanda, como nuevos actores del sistema eléctrico, para transformar un mercado exclusivo de cuatro o seis empresas en un mercado de millones de autogeneradores.

Por Javier García Breva, Asesor en Modelos Energéticos