Es muy osado por mi parte en unas cuantas palabras ser capaz de ni siquiera intentar explicar por qué sube La Luz. Es más, si yo supiera claramente las razones que motivan de verdad la subida de La Luz de estos últimos meses, quizás no estaría escribiendo estas letras. Por ello, lo que voy a hacer es tratar de escribir algunas reflexiones sobre lo que pasa en España con los precios de la energía, que no estoy segura de que expliquen del todo por qué sube la luz, pero anima a sacar algunas conclusiones.

En primer lugar, hablemos de las “eléctricas”. No somos todos iguales, ni las personas, ni los animales, ni las ciudades ni tampoco las “ELÉCTRICAS”.

Las principales compañías que operan en este negocio desde hace muchos años, que son multinacionales grandes, que todos conocemos, son empresas verticalmente integradas, que significa que tienen desde el origen de la energía hasta el final, que es el consumo. Es decir, son grupos empresariales donde coexisten activos de generación, distribución y clientes. Las compañías comercializadoras de energía, son aquellas que venden la energía a sus clientes y la compran de un mercado mayorista donde, a modo de lonja, al que cada día se puede acudir a comprar, no están integradas, solo tienen la parte de los clientes.

En segundo lugar, vamos a entender el negocio de comercialización de energía. Una comercializadora no es más que una compañía que compra y vende, como acabamos de decir y por el camino obtiene un margen. En el caso de la energía, la compra se hace a precio variable y la venta a precio fijo, la mayor parte de los clientes forman un contrato por 1 año a precio previamente acordado. Por ello, este negocio es un negocio de gestión de 3 tipos de riesgo, el de mercado (por la volatilidad de los precios del pool), el de crédito (por el posible impago de los clientes) y el de liquidez (por las necesidades que el mercado establece de tesorería y garantías para hacer frente a los pagos futuros).

Por ello, los activos en este negocio son los clientes y es responsabilidad de una comercializadora contratar a sus clientes y atenderles lo mejor posible para que su contrato y su consumo de energía esté en condiciones óptimas.

Hablemos en tercer lugar de los precios del pool. Realmente son los precios en los que se compra y vende energía en el mercado mayorista. En España el pool es un mercado marginalista que no reconoce siempre el coste real de generación de cada tecnología, sino que depende de la oferta y la demanda, todas las tecnologías oferentes cobran al final el precio del pool. A este mercado van a vender la energía las plantas generadoras y ofertan en función de su tecnología de generación y van a comprar todas las compañías comercializadoras que necesitan comprar energía para sus clientes. Es de suponer, que las tecnologías más económicas en su estructura de costes han de abaratar el precio del pool cuando la generación media real está más ligada a esta tecnología. Por ejemplo, en una época muy lluviosa o de mucho viento, el precio debería bajar porque la generación eólica o hidráulica tiene menos coste marginal que la de combustión de gas natural como es el ciclo combinado.

Cuarto punto relevante, la composición del mercado. ¿Quiénes venden y compran en el pool?

Pues curiosamente, los mayores generadores en España son también los comercializadores de mayores cuotas de mercado en el mismo mercado. Esto tiene una explicación, originalmente, previa a la liberalización del sector, estos clientes eran de la distribución de las mismas compañías. Pero claro, siendo que gran parte del volumen gestionado en el pool se reparte entre las mismas, es fácil entender que la volatilidad de los precios la absorbemos las compañías que necesitando acudir a comprar y no tenemos cuota de generación que compense esos ingresos que en el lado de la comercializadora son gastos.

¿Y la demanda? ¿Tiene algo q une ver? Claramente la demanda también afecta al precio, ya que el pool es un precio de casación entre las curvas de oferta y demanda, por tanto, el volumen de energía que el mercado afecta también a este precio que tanto se ha movido en los últimos meses.

Resumiendo, yo creo que dentro de “el porqué” coexisten distintos factores, y no es cuestión de culpar a nadie, cada uno de los actores de este momento del escenario energético tiene su punto de vista y en una u otra manera todos llevamos algo de razón.

Ni el regulador, ni las grandes compañías, ni el vigilante del mercado, ni siquiera los consumidores, todos formamos parte de una nueva era energética que hay que poder y saber afrontar. Algunas reflexiones al respecto son las siguientes:

  • Las normas de mercado con las que se han funcionado en el pasado ya no funcionan en el presente y aún menos en el futuro. Hay que ir a un mercado libre de verdad no solo en la teoría y facilitar que esto ocurra y se mantenga en libre competencia. En este punto hay mucho que hacer por parte del regulador seguramente y los nuevos debemos tomar un rol más activo para conseguir que la experiencia sirva de guía para los cambios que hay que poner en marcha.
  • Es más que necesario fomentar la cultura energética, que la gente entienda mejor, para ello nada como el asesoramiento. No creo que el objetivo sea que los clientes de energía, es decir, todos, seamos expertos, lo que se debe es ir a un mundo energéticamente transparente, y que esta transparencia no sea una barrera para las compañías que trabajamos con ella que nos impida competir. En mi opinión, en este punto los medios de comunicación tienen mucho que decir, no solo cuando un cliente industrial ha de cerrar sino cada día para poder ahorrar en el consumo.
  • El escenario competitivo está siendo cada vez más intenso y complejo y eso es bueno si funciona bien. Cuantas más opciones tengamos los clientes es mejor y el precio medio tenderá a reducirse.
  • Y como la P de precio no es tan gestiónale como parece, a los consumidores nos queda actuar en la Q de volumen o cantidad. Es decir, debemos aprender a ser más eficientes en el consumo, a buscar tecnologías que demanden menos energía, a conducir vehículos eléctricos y cargarlos por la noche para aprovechar la potencia contratada y si somos de los más convencidos, autoconsumir, es decir, producir nuestra propia energía. Está claro que para todo esto, que parece sencillo, es recomendable estar asesorado por un experto.

Realmente a modo de conclusión me atrevo a decir que si bien no estoy segura de por qué sube la luz, lo que sí puedo garantizar es que sea cual sea el precio de la energía, el consumidor es el que al final va a pagarla. Por ello, tenemos que ser más activos, hacer uso, con más frecuencia, de la “inteligencia energética” para movernos de compañía, montar autoconsumo, ser sostenible en la movilidad y cambiar de hábitos de consumo de energía, porque mientras los reguladores y las actividades energéticas sigan como están, no sé si subirá la luz, pero la incertidumbre de precio no se mitigará fácilmente.

Por Isabel Reija, Consejera Delegada de Feníe Energía y Patrona de la Fundación Feníe Energía